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Historia
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EL
CALCOLÍTICO
Este
período se encuentra bien representado en nuestro territorio. Se
detecta la presencia de sus pobladores desde los primeros momentos de
su evolución, aunque es más abundante y significativa en
la fase plena. El desarrollo prosigue con la etapa final hasta diluirse
en un nuevo período, la Edad del Bronce.
Numerosos son los asentamientos que nos informan de variados aspectos
de la cultura de los hombres y mujeres que vivieron por estas tierras
durante el tercer milenio antes de Cristo y la primera mitad del segundo.
Con carácter general, podemos decir que el signo externo más
evidente del momento lo constituye el desarrollo de un incipiente urbanismo(FERRER
PALMA, 1996). El patrón de asentamiento refleja la búsqueda
para la ubicación del poblado, de lugares con medianas elevaciones
y fácil acceso, carentes de defensas naturales y con una vinculación
muy notable a los ríos. Las viviendas, generalmente aisladas y
dispersas, tenían una estructura oval o circular. Su construcción
era muy sencilla: sobre un zócalo de piedras de mediano tamaño
cementadas con barro, se levantaban las paredes de adobe que servían
de apoyo a la cubierta, constituida por ramas de diversos árboles
y arbustos.
Conocían la cerámica, que realizaban a mano, sin utilizar
el torno. Pulimentaban la piedra para fabricar hachas y azuelas. Realizaban
objetos de metal tales como puñales, hojas dentadas y puntas de
flecha. Su economía se basaba en la agricultura, con una variada
gama de productos entre los que sobresalían las leguminosas y los
cereales. Se complementaba con la cría de animales como el cerdo,
el caballo y los bóvidos. Los animales procedentes de las actividades
de caza completarían su dieta alimenticia.
Por lo que se refiere a su relación con la muerte, debemos destacar
la gran diversidad de ritos funerarios que nos evidencian las excavaciones:
dólmenes, enterramientos en fosas y en cuevas naturales, cistas
(LOPERA DELGADO, 1995).
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