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Historia
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ÉPOCA
CONTEMPORÁNEA
Al
igual que el resto de la península, la ocupación militar
de la zona por parte de las tropas francesas provocó en Palma los
consiguientes procesos de desestabilización: levas, contribuciones
extraordinarias de guerra, saqueos, ejecuciones, etc. En la comarca se
crearon también partidas de guerrillas que hostigaban continuamente
a las tropas de ocupación. Tras la marcha de los franceses, este
territorio recuperó el pulso de un devenir histórico basado
en una economía agrícola y unas importantes desigualdades
sociales.
Hacia 1840, la imagen del pueblo nos la describe un autor de la época
en los siguientes términos: “Consta la población de
41 calles, una plaza mayor y cuatro plazuelas: 625 casas, (...) Hay una
alameda y paseo desde la población hasta cerca del río Genil
con tres calles de álamos negros, de las cuales la del medio se
puso por los años de 1760 y las dos laterales por los de 1829.”(RAMÍREZ
Y LAS CASAS-DEZA, 1986).
La estructura de la propiedad, de dominio netamente latifundista, resultó
acentuada tras los procesos de desamortización y desvinculación
de las tierras hacia la mitad del siglo XIX: se desamortizaron un total
de 2.038 hectáreas por un importe global de más de seis
millones y medio de reales. Estas tierras procedían de propiedades
de la Iglesia: Convento de Santa Clara, Fábrica de la Iglesia Parroquial,
Obispado de Córdoba, Orden de San Juan de Jerusalén etc.
También se vieron afectados los bienes propiedad del municipio,
como las tierras de propios y las dehesas comunales, que ahora pasarían
a manos privadas, principalmente a manos de una burguesía agraria
emergente.
La situación era muy parecida durante los primeros años
del siglo XX, buena prueba de ello es el informe del Instituto de Reformas
Sociales sobre la provincia de Córdoba, en el que se constata la
existencia de 21 fincas de más de 250 hectáreas, que ocupaban
un 65% del término municipal. En los padrones de mayores contribuyentes
aparecen citados apellidos como Calvo de León, Benjumea, Gamero-Cívico,
Liñan, Moreno Benito, Ruiz de Almodóvar, Conde de las Atalayas,
etc., una muestra bastante significativa de la potencia de la burguesía
agraria en el término de Palma.
En una sociedad eminentemente rural, en la que la agricultura era el eje
vertebrador de la vida diaria, la concentración de la propiedad
de la tierra en manos de unas pocas familias había creado una situación
social de enorme tensión.
Esta
situación era sólo el capítulo final de un problema
endémico que arrastraba el país desde mucho tiempo atrás.
Recién pasado el período de la I República se detectaron
episodios de confrontación social en nuestro pueblo. Hechos que
a medida que pasaban los años fueron convirtiéndose en fuertes
convulsiones sociales. Sus causas debemos buscarlas en la estructura de
la propiedad, en las precarias condiciones de vida y trabajo de la población
campesina y, en suma, en la extremada polarización social, que
encontraría su clímax en los primeros meses del Frente Popular.
Entre 1880 y 1936, Palma constituye uno de los centros más activos
de la región por lo que se refiere al movimiento obrero. La influencia
de las tesis anarcosindicalistas fue muy importante durante todo el período,
destacando de manera especial el comprendido entre 1880 y 1919. CNT y
FAI se encontraban ampliamente representadas en Palma del Río durante
la II República. Por lo que se refiere a la influencia del socialismo
en estas tierras, debemos remontarnos hasta 1930 para apreciar el empuje
de sus postulados. Es en estos momentos cuando la creación de la
Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra, hizo que engrosaran
sus filas numerosos trabajadores palmeños. UGT y PSOE tuvieron
gran influencia a lo largo de la II República. Menos numerosos
eran los miembros del PCE que, con un origen en estas tierras que podemos
retrotraer hasta 1931, llegaron a tener gran peso político durante
el período del Frente Popular.
En las elecciones de febrero de 1936, con una situación social
extraordinariamente tensa, la candidatura del Frente Popular, obtuvo en
Palma del Río la mayoría absoluta con 2.203 votos, lo que
suponía el 51,45% de los votos escrutados. La candidatura antirrevolucionaria
consiguió 2.051 votos, que equivalían al 47.90% del total.
Alianza Republicana fue votada por 22 electores, consiguiendo un 0,51%
de los votos. La candidatura independiente logró ser votada por
cuatro personas que representaban el 0,09%. Por último, Falange
Española conseguía un solo voto, equivalente al 0,02% de
los votos. La participación en los comicios alcanzó el 73,25%
del electorado (LEÓN LILLO, 1990).
Las fuerzas obreras palmeñas no tardaron en reaccionar ante la
sublevación contra la República. A las 22.00 horas, aproximadamente,
de aquel sábado 18 de julio, se reunió en la plaza del ayuntamiento
un gran número de personas. De inmediato se creó un Comité
de Defensa de la República que llevó las riendas del municipio
hasta que las tropas del autodenominado bando nacional entraron en Palma
los días 26 y 27 de agosto de 1936. Durante el tiempo en que el
Comité dirigió la vida local, las milicias palmeñas
ayudaron a los republicanos de muchos pueblos de la comarca y acogieron
a numerosos refugiados que venían huyendo de sus zonas de origen
al ser conquistadas por los sublevados; la propiedad fue colectivizada,
en la mejor tradición anarquista y el dinero fue abolido.
La entrada en el pueblo de los nacionales fue sangrienta. La represión
que se llevó a cabo inmediatamente horrorizaría a las generaciones
venideras. Más de 300 personas fueron asesinadas aquel 27 de agosto.
Mientras que en el corralón de Félix Moreno Ardanuy, terrateniente
del pueblo, se fusilaba a las personas que no se consideraban de orden,
en el Ayuntamiento, a no más de 200 metros de esa barbarie, se
procedía a la formación de la nueva gestora municipal. Ángel
Martínez Liñán, terrateniente local, fue nombrado
nuevo Alcalde de Palma del Río, puesto que ocupó hasta septiembre
de 1937. La represión y el asesinato de personas sospechosas de
no ser afines al nuevo régimen continuó hasta 1941 aproximadamente.
El final de la guerra no supuso la paz para muchas familias palmeñas.
En cuanto a la economía, el municipio siguió estando dominado
por un importantísimo sector agrícola al que las circunstancias
nacionales e internacionales sometieron a una dura prueba. Destacaron
aquí dos procesos que tendrían una gran repercusión
en la zona. Por un lado, el progresivo aumento de tierras de labor, fruto
del imparable proceso de desmonte al que se vieron sometidas las tierras
de la localidad. Por otro lado, la paulatina puesta en riego de considerables
extensiones de tierra. Las consecuencias más inmediatas de estos
dos procesos fueron la llegada al municipio de un importante contingente
de personas, venidas de otros puntos de la geografía andaluza y
la puesta en producción de nuevos cultivos.
Desde 1959 los cambios en la orientación de la política
económica del país provocaron importantes transformaciones.
Hasta los primeros años 80, nos encontramos con una economía
caracterizada por un importantísimo sector primario rector de la
vida local, con una estructura de la propiedad de la tierra que provocaba
una gran masa de proletariado. Una agricultura que había experimentado
importantes transformaciones con la introducción de fertilizantes,
mecanización en continua fase de expansión y puesta en producción
de nuevos cultivos que, sin embargo, no lograron atajar el problema del
enorme paro estacional. Unos sectores secundario y terciario muy reducidos
y estrechamente vinculados con la agricultura (NIETO MEDINA,
2000).
Esta realidad económica, unida a un aumento demográfico
desde los años 50 y a un deficiente sistema de garantías
sociales, que dejaba en una situación social precaria a buena parte
de la población, hizo que entre 1961 y 1980 fueran 3.394 personas
las que emigraron de nuestra ciudad. El período con mayor número
de emigrantes fue el comprendido entre 1966 y 1969 cuando salieron de
Palma un total de 625 personas. Su destino fueron los grandes centros
industriales de Europa y Norte de España. (NARANJO
RAMÍREZ, 1985).
La represión política practicada por el nuevo régimen
no pudo acabar con la total oposición y el odio que la dictadura
provocaba. Al igual que en el resto del país, la resistencia tardó
un tiempo en organizarse y hacerse lo más efectiva posible, tanto
en la acción política como en la más restringida
de la lucha armada. El Partido Comunista de España comenzó
a organizarse en Palma del Río hacia el año 1943, con un
sistema de “células” de cuatro o cinco miembros. Durante
la década de los cuarenta llegaron a existir alrededor de diez
o doce y las reuniones, que casi siempre trataban de ayudar a compañeros
necesitados, se celebraban en casas particulares y tajos. Por su parte
la oposición armada se desarrolló en aquellos terrenos que
propiciaban la lucha de guerrillas. En Palma del Río, que aún
encontrándose en la Campiña no está lejos de Sierra
Morena, esta lucha tuvo una cierta resonancia y algunos vecinos tomaron
parte en los grupos guerrilleros.
En 1960 Miguel Delgado Ruiz tomó posesión de la alcaldía
de Palma del Río, sucediendo a Juan Martínez Bravo. Elegido
por el Gobernador de Córdoba, pasó a revitalizar la ideología
del Movimiento en la localidad.
Mientras tanto, la oposición al régimen continuó
liderada, sobre todo, por el Partido Comunista. Las reuniones se sucedían.
En el mes de julio de 1960 se produjo una importante redada de militantes
comunistas en nuestra ciudad. La mayor parte de los miembros del comité
local del PC palmeño fueron encarcelados. No obstante, la actividad
del partido fue en aumento y su relevancia dentro de la comarca no dejó
de crecer. Militantes palmeños ejercieron una importante labor
de difusión y captación entre la población obrera
de los pueblos limítrofes. Peñaflor, Lora del Río,
Hornachuelos, Fuente Palmera y Posadas conocieron su influjo
(MUÑOZ ROJO, 1997).
Tras largos años en los que se notó muy poco su presencia,
el PSOE empezó a adquirir protagonismo en la escena local. Hacia
1976 comenzaron los trabajos de organización del partido, teniendo
su culminación con la constitución de la Agrupación
Local, tras las elecciones generales de junio de 1977. En ella se encontraron
personas del socialismo local antiguo y jóvenes que ahora se incorporaban
a la lucha política (MUÑOZ ROJO, 1997).
Otros muchos partidos del ámbito nacional y regional tuvieron su
representación en Palma, sin embargo su trayectoria efímera
los aparta de los objetivos de estas rápidas pinceladas sobre la
historia de Palma.
El año de la muerte de Franco, 1975, se inició con luchas
obreras en Palma del Río. Los jornaleros se encerraron en las parroquias
del pueblo. La tensión social era grande. Miguel Delgado, continuó
ocupando el puesto de Alcalde hasta las primeras elecciones municipales
democráticas. En estas fechas se vivieron los días más
dramáticos de la transición en Palma del Río. En
abril de 1977 una serie de incendios provocados sembraron el miedo en
todos los habitantes de la ciudad. A la mente de todos volvieron los sucesos
de 1936.
El tres de abril de 1979 tuvieron lugar las elecciones municipales. El
partido más votado fue la Unión de Centro Democrático,
con 3.862 votos. Le siguió el Partido Socialista Obrero Español,
con 2.739 votos. 2.324 votos consiguió el Partido Comunista de
España, mientras que El Partido del Trabajo de España fue
votado por 182 personas. El censo electoral era de 12.667 personas. El
número de votantes fue de 9.152. Con estos resultados la UCD conseguía
8 concejales. Al PSOE le correspondieron 5 concejales y al PCE un total
de 4. El PTE no consiguió ningún concejal. Un pacto de izquierdas
le dio la alcaldía al candidato del PSOE Manuel López Maraver,
que sustituyó así a Miguel Delgado, convirtiéndose
en el primer Alcalde democrático de Palma del Río (MUÑOZ
ROJO, 1997).
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