ordenanzas de Santa María  
escudo de los Bocanegra  


Historia

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ÉPOCA CRISTIANA

 

En el año 1231, el infante don Alfonso y don Alvar Pérez de Castro conquistan el pueblo para los cristianos. Aquella incursión sobre terreno enemigo no pudo consolidar su autoridad por mucho tiempo, volviendo estas tierras a manos musulmanas hasta el año 1241 en que las conquista Fernando III definitivamente. El interés de la monarquía por mantener el control de territorios fértiles y densamente poblados, hizo que esta zona quedase como tierra de realengo, vinculada al Concejo de Córdoba por privilegio del monarca fechado el 20 de febrero de 1245. Muchas propiedades fueron repartidas entre los nuevos pobladores.


El sometimiento de la zona se produjo mediante capitulación, lo que provocó que la comunidad musulmana permaneciera viviendo en sus núcleos de población. No obstante, las condiciones de vida cambiaron sustancialmente para ellos. Los musulmanes estaban sujetos al pago de numerosos tributos. El diezmo, por su importante costo, encontró la oposición de las aljamas en repetidas ocasiones. Hacia 1260 los mudéjares de Palma, Almodóvar y Castro, que labraban en régimen de arrendamiento tierras de los cristianos, se negaron a pagarlos. Las medidas represivas no se hicieron esperar. El proceso de crisis que afectaba a las comunidades musulmanas asentadas en territorio cristiano, no fue ajeno a los mudéjares que vivían en Palma (ARJONA CASTRO, 1982).


Durante la primera mitad del siglo XIV el proceso de señorialización del territorio andaluz experimentó un avance importante. La monarquía necesitaba la ayuda de la nobleza para la lucha contra los musulmanes y para repoblar las tierras conquistadas. Como compensación por esa ayuda, muchas tierras de realengo pasaron a ser de señorío. Formando parte de este proceso hay que entender que en 1342 el rey Alfonso XI donase a Micer Egidio Bocanegra la villa de Palma, por los servicios prestados a la monarquía durante la Campaña del Estrecho. Este genovés, hermano del dux Simón Bocanegra, perteneciente a una familia de fortuna creciente, que debía su prestigio y poder a los reiterados éxitos en las contiendas navales, fue almirante de Castilla y logró integrarse en la órbita de poder castellana (HEERS, 1982).


Micer Egidio Bocanegra dedicó importantes esfuerzos a fortalecer el señorío. Tuvo gran interés en mantener y potenciar a la casi desaparecida comunidad musulmana, a sabiendas de que reportaba al señorío importantes beneficios. El nuevo señor de Palma consiguió del rey Pedro I la autorización para trasladar hasta la villa a un grupo de mudéjares procedentes de Gumiel (Burgos). Tras el período de crisis en que vivió el reino hasta el ascenso al poder del rey Enrique de Trastámara, la comunidad mudéjar de Palma solicitó a Ambrosio Bocanegra, hijo de Micer Egidio, la concesión de un fuero por el que deberían regirse. El 19 de mayo de 1371 les fue otorgado dicho fuero. A pesar de sus duras condiciones, los mudéjares consiguieron consolidarse. En el año 1498 formaban parte de la comunidad un total de 567 personas, cifra que rondaría, según algunos autores, el quince por ciento de la población total del pueblo (ARJONA CASTRO, 1984). En 1502 la pragmática de conversión religiosa, dictada por los Reyes Católicos, obligó a los musulmanes a convertirse al cristianismo o marcharse de la península.


Los señores de Palma mantuvieron siempre el interés por potenciar las posibilidades económicas que le brindaban estas tierras. En este contexto debemos situar la concesión de una feria que el rey Juan II hizo a Martín Fernández Portocarrero, VI Señor de la villa, en el año 1451. La feria, acontecimiento anual de importante relevancia económica y social para la villa, se celebraba durante quince días a contar desde la “Asunción de nuestra Señora”. Con el transcurrir del tiempo esta feria se convirtió en nuestra actual “Feria de agosto”.


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