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Historia

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ÈPOCA ROMANA

 

Con el establecimiento de los romanos en la Península, se asiste en nuestro territorio a una profunda transformación política, social, económica y cultural. La actual Andalucía constituía la Provincia Hispania Ulterior Baetica, en la cual el entorno próximo al Guadalquivir (Baetis) es la zona de más intensa y rápida romanización, junto con el tramo final del Valle del Genil (Singilis). En torno a 170 yacimientos, que se pueden datar entre los siglos II a. C. y V d. C., dan buen testimonio de ello.


El proceso de romanización no fue uniforme ni en el tiempo, ni en el espacio. Durante los dos primeros siglos de la dominación romana, es decir, en época republicana, la estructura del poblamiento de la zona, en líneas generales, apenas tuvo variación con respecto a la época ibérica. El análisis de los asentamientos ocupados durante esta etapa pone de manifiesto el aprovechamiento de las estructuras preexistentes por parte de Roma. Posiblemente, hasta la época de César y Augusto, e incluso hasta los Flavios, gran parte del territorio entraría dentro de la categoría de ager publicus por lo cual pertenecería a las ciudades indígenas como Peñaflor o La Saetilla (CARRILLO – HIDALGO, 1991).


El cambio importante en el poblamiento se produce en la segunda mitad del siglo I d. C. y está relacionado con un considerable crecimiento demográfico. Surgirán hasta 74 asentamientos rurales en el entorno palmeño, lo cual indica una interesante vitalidad económica y social que no es sino el reflejo de los cambios que se operan durante la presencia romana. Ese auge del poblamiento está directamente relacionado con la producción y comercio del aceite, actividad que vivió un gran esplendor hasta el siglo III. En este siglo será cuando se abandonen numerosos yacimientos, y ello se explica por una crisis económica y política generalizada en todo el Imperio Romano. Éste se estaba enfrentando a las invasiones bárbaras, a revueltas internas y a una lucha de poder en el seno mismo del Imperio; todo ello parece que se reflejó en la crisis de las actividades relacionadas con el aceite en la zona de la Bética. Una de las consecuencias más visibles de todo el proceso fue una progresiva concentración de la propiedad y el abandono de explotaciones agrícolas de tamaño medio.
Durante los siglos IV y V se produjo una cierta reactivación económica, que hizo que volviese a aumentar el número de asentamientos en la zona. Sin embargo, ya no estamos hablando de modestos asentamientos rurales, sino que se evoluciona hacia núcleos de mayor importancia, con extensas zonas residenciales. El paisaje estuvo dominado por las villae, centros desde los que se explotaba la riqueza agrícola de la zona y constituían las lujosas moradas de sus propietarios (CANO MONTERO, 2000).


Aunque hasta la fecha han sido varias las hipótesis que relacionaban el lugar que hoy ocupa Palma del Río con alguno de los centros urbanos que nos mencionan las fuentes literarias antiguas, lo cierto es que tales identificaciones se apoyan en débiles argumentos, dado que no ha sido encontrado vestigio romano alguno en el interior del casco urbano de Palma. Sin embargo, el estudio de la epigrafía de la zona ha permitido a A. U. Stylow proponer la ubicación en el término municipal de Palma del Río de una de las ciudades que Plinio el Viejo situaba en la Bética. Según este autor, la ciudad ubicada en el yacimiento de La Saetilla, fue elevada al rango de municipio en época de César o Augusto (STYLOW, 1988). Dicho municipio es el que aparece recogido por Plinio como Segida Augurina. Así, el nombre indígena de La Saetilla sería Segida, al que se añadió el epíteto de Augurina. Según Stylow, la ciudad de Segida Augurina estaría bajo la jurisdicción de Astigi (Écija), capital del conventus astigitanus (una de las 4 jurisdicciones administrativas creadas por Augusto en la Provincia Hispania Ulterior Baetica). El territorio de esta ciudad limitaría al Norte con Celti (Peñaflor), al Oeste con Oducia (Mesa de Lora, Lora del Río), al Suroeste con Obulcula (Monclova, Fuentes de Andalucía), al Sur y Sureste con Segovia (Isla del Castillo, Écija) y al Oeste con Detumo (entorno de Posadas).


En el territorio de Segida Augurina ostentaban la jurisdicción los notables de la ciudad, ricos propietarios de tierras. Se cultivaban cereales y, sobre todo, el olivo, que fue elemento fundamental en la economía de la zona, tal y como se constata por la presencia de numerosos centros de fabricación de ánforas, las figlinae. Se sitúan en torno a los dos grandes ríos, Baetis y Singilis, arterias de transporte por donde el aceite bético fue comercializado hacia la zona occidental del Imperio, particularmente hacia la propia Roma y las provincias de Britannia y Germania. Los yacimientos en el cortijo del Mohino, en el cortijo Remolino, en la ermita de Belén, en Malpica, El Portillo o los cortijos del Judío e Isla de La Barqueta dan testimonio de todo ello.


A las dos grandes vías fluviales de comunicación, se unían otras de carácter terrestre que completaban las comunicaciones en esta zona. Por el territorio de Palma del Río discurrían dos importantes vías romanas: la vía Corduba-Hispalis, por la margen derecha del Guadalquivir, cruzando el Norte del término municipal; y la vía Item ab Hispali Emeritam, que procede de Astigi (Écija), pasa por Segida Augurina (La Saetilla) y continúa hacia Celti (Peñaflor) paralelamente al Genil (CANO MONTERO, 2000).

 

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