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Historia
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ORIENTALIZANTE
En
los albores del siglo VII antes de Cristo, las influencias culturales
recibidas por los contactos con los colonizadores llegados del otro lado
del Mediterráneo, comenzaban a manifestarse sobre la población
indígena. Muchos fueron los cambios que se produjeron.
Las casas pluricelulares de planta cuadrada se impusieron a las antiguas
de formas ovaladas y circulares. Su progresiva implantación y desarrollo
hizo que podamos hablar con toda propiedad, del carácter urbano
de los asentamientos de primer orden. Estos centros, como articuladores
del territorio tenían una serie de características entre
las que podemos destacar las siguientes: ubicación en una posición
estratégica, desempeño de funciones como las de acumulación
de excedentes y lugar de mercado, división del trabajo, integración
y defensa de un territorio político claramente definido, creación
y mantenimiento de relaciones con comunidades no subordinadas.
La cerámica, realizada a torno y profusamente decorada con motivos
de raigambre oriental, entre los que destacaban toros y grifos, desplazó
a la hecha a mano. Las primeras cerámicas a torno que llegaron
eran grises, pintadas bícromas y de engobe rojo. Su procedencia
debe buscarse en algunos alfares situados en los asentamientos tartésicos
del Bajo Guadalquivir, núcleos aculturados ya en la segunda mitad
del siglo VIII, que comercializarían sus productos río arriba.
La estructura social refleja una creciente diferenciación en el
seno de la comunidad y la consolidación de formas complejas de
la acción política que podríamos definir como de
jefatura (MURILLO REDONDO, 1994).
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