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¿Despachos para políticos y oficinas en Santa Clara?


El convento de Santa Clara es, sin duda, uno de los conjuntos mas importantes del Patrimonio Histórico Artístico de nuestra ciudad, no sólo por sus dimensiones o por su antigüedad y significación histórica, sino también por sus valiosas características monumentales y artísticas, desde las mudéjares hasta las propias de la arquitectura popular andaluza de los siglos XVI-XVIII. A pesar de su evidente importancia, el convento sufrió una rápida degradación y ruina, a partir del abandono definitivo del inmueble en los años 70 y la despreocupación total de su propietario, el Obispado de Córdoba. Se llevaron a cabo intervenciones, como la reparación de cubiertas de 1981 y la intervención de urgencia de 1990, pero resultaron en algunos casos perjudiciales y en otros insuficientes para frenar el deterioro, que llegó al desplome de una parte del edificio sobre la calle Río Seco e incluso a poner en peligro a los vecinos no hace mucho tiempo. En la actualidad, el ayuntamiento ha iniciado una primera fase de reforma de una manera que consideramos precipitada, al no haber esperado a la puesta en marcha del Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico.

Independientemente de otros aspectos, como los criterios técnicos, patrimoniales y artísticos que se han seguido para la dirección de las obras (sobre los cuales Saxoferreo ha solicitado la documentación necesaria para poder pronunciarse al respecto), queremos en este artículo manifestar nuestro estupor y nuestra discrepancia con los futuros usos que prevé el anteproyecto municipal para Santa Clara.

Dadas las condiciones de la infraestructura cultural palmeña y de las importantes necesidades y carencias que presenta, que exige una visión global de la distribución de los espacios dedicados a este tipo de actividades, nos resulta de una incoherencia sorprendente destinar este gran inmueble y más de 380 millones de pesetas para instalar dependencias municipales ya existentes (alcaldía, secretaría, intervención, urbanismo y otras consideradas «relevantes») que se trasladarían a Santa Clara o para construir una hospedería o albergue juvenil y dedicar a museo un espacio tan insuficiente que ya desde el principio hace que tenga muchas carencias y nulas posibilidades de futuro. Despojar al ayuntamiento de sus dependencias fundamentales parece superfluo e innecesario, pero ya nos advierte de la sin razón de los futuros usos del conjunto.
Otro gran despropósito del citado anteproyecto de reforma es la construcción (ya en marcha) de una hospedería o albergue, cuya necesidad es bastante discutible, no sólo porque plantea una confusión entre el ámbito público y el privado en cuanto a la futura explotación de las instalaciones, sino también porque supone ignorar claras necesidades culturales de nuestra ciudad que ningún particular realizará por propia iniciativa y que, en muchos casos, son perentorias como: el crear una oficina de turismo dotándola de un espacio propio que permita el desarrollo digno de su programa, dada la entidad que esta actividad posee y el atractivo cultural que para ello tiene Santa Clara; la instalación del Archivo Municipal, posibilitando la entrada y clasificación de nueva documentación y la apertura de una sala de investigadores que permita el trabajo científico sobre sus importantes fondos archivísticos de la que, desgraciadamente, hoy carece y que difícilmente se podría desarrollar en su actual ubicación; crear locales para la Escuela Municipal de Música y más salas para ensayos (las de la Casa de la Juventud llevan bastante tiempo saturadas) y para la Escuela de Pintura. La Biblioteca Municipal también podría resolver algunas de sus carencias, como las de espacio para la hemeroteca y para las actividades con medios audiovisuales y de dinamización. El Museo Municipal necesita ya de una ampliación para desarrollar los espacios dedicados al ámbito de la huerta, los toros, la alfarería, la forja y exposiciones temporales. Precisa más espacio para poder consultar su biblioteca, de unos tres mil volúmenes y donde poder realizar útiles proyectos didácticos. Su traslado al Convento, tal como prevé el anteproyecto, impedirá las citadas ampliaciones y dificultará, por falta de sitio, que el museo conserve un almacén donde poder depositar y trabajar con los materiales procedentes de las excavaciones arqueológicas, fondos artísticos y etnográficos.

Dar la importancia que tienen a estas cuestiones redundaría en que el futuro de Santa Clara sea el estar lleno de vida y actividades atractivas y necesarias tanto para los auténticos dueños del convento, los vecinos de Palma, como para el turismo. Por desgracia, nos enfrentamos a la miopía y estulticia de los gestores de nuestro patrimonio, los políticos en general, porque esto no es una cuestión de este o de aquel grupo político ni del equipo de gobierno, pues todos dieron su visto bueno ante el citado anteproyecto. Si las cosas pueden hacerse bien, respetuosamente con nuestro legado histórico ¿por qué empeñarse sistemáticamente en obviar el sentido común? No lo comprendemos ¿y ustedes?.

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Palma del Río 1898 | El Trabajo de la Asociación

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