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Convento de Santa Clara.
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Santa
Clara plasma pues, arquitectónicamente, la negación
del mundo que significa la clausura. Sin embargo, y a la vez,
lo encontramos situado en un lugar privilegiado del núcleo
de la villa, el recinto amurallado.
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La Orden de San Francisco
ha tenido un papel muy destacado en el desarrollo de la Historia
de Palma del Río. A partir de finales del siglo XV y sobre
todo desde la celebración del Concilio de Trento las órdenes
religiosas se posesionan de la ciudad consiguiendo un poder y
una influencia social de imprevisible alcance. Una profunda relación
entre la Iglesia y la estructura urbana acaba de comenzar: las
ciudades hispanas del XVI están imbuidas del espíritu
de la Contrarreforma, y manifestación de ello son las fundaciones
conventuales. Entre las muestras más interesantes cabe
situar, sin duda, el convento de Santa Clara de nuestra ciudad.
El origen del monasterio
se encuentra en el testamento del caballero veinticuatro de Córdoba,
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D. Juan de Manos
Albas quien, en 1509, donó para su establecimiento unas
casas que poseía en la villa, habiendo promulgado el
Papa Alejandro IV la bula de su fundación en 1499.
El
convento quedó sujeto a la obediencia del Provincial de
la Santa Provincia de Andalucía. Los condes de Palma ampliaron
sus edificios, aumentaron su hacienda y, en 1510, trajeron fundadoras
del monasterio de Santa Clara de Andújar. En el año
de 1520, deseosos de que el gobierno de la institución
corriese a cargo de la provincia de los Ángeles (que ya
tenía el de Belén fundado en la misma villa) consiguen,
para ello, el consentimiento de las monjas y del Capítulo
de la Provincia de Andalucía.
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| Una
característica de la orden franciscana es cierta tendencia
al aislamiento. En el caso de Palma, el convento de clarisas se
ubica en una zona que podríamos considerar céntrica,
pues se trata del recinto amurallado donde también se hace
presente el clero secular, a través de la parroquia, y el
poder nobiliario de la villa, a través del palacio señorial.
Sin embargo, el monasterio se sitúa junto al río Genil,
en uno de los límites del recinto y lindando con el despoblado,
en la calle del mismo nombre, topónimo que deriva, precisamente,
de la presencia del convento en ella. Se construye adosado a la
muralla, ocupando un solar de 2.600 m2 en el interior del recinto,
por lo que se nos aparece como un agente esencial del hecho urbano
y, no solamente por la superficie que ocupa, sino también
por sus características arquitectónicas y su significación
social y económica. |
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Se
trata de una edificación de carácter cerrado como
corresponde a un convento de clausura, de arquitectura unitaria
y compacta. Protegidas sus dependencias del exterior, el único
nexo de unión con la ciudad se establece a través
de su iglesia que, con su nave mayor paralela a la calle, sirve
de espacio intermedio entre la vía pública y el convento.
El hecho de que Santa Clara fuese un convento de clausura debió
determinar las características de su edificio así
como la altura de las construcciones colindantes: no sólo
era necesario respetar la clausura en conciencia, sino que se ponían
todos los medios físicos para que así fuese, de forma
que en las Reglas y Constituciones de los conventos se enfatizan
características como el cerramiento y la intimidad. |
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El
convento de Santa Clara plasma pues, arquitectónicamente,
la negación del mundo que significa la clausura. Sin embargo,
y a la vez, lo encontramos situado en un lugar privilegiado del
núcleo de la villa, el recinto amurallado, contribuyendo
también a transformar el paisaje urbano mediante la eliminación
de vestigios musulmanes, considerados indeseables.
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