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«ES MÁS VIEJO QUE LA PALMOSA».
Desde
tiempo inmemorial, las tierras de La Palmosa formaron parte de las
tierras comunales de Palma. Esto quiere decir que pertenecía
su aprovechamiento a todos los vecinos y todos podían servirse
de ellas. Los montes denominados «baldíos» (de
ahí el nombre que aún persiste en Palma como «El
Baldío») también se utilizaban para pastos y
otros usos comunes de los vecinos de la villa.
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La Palmosa, concretamente, era una dehesa de pasto comunal donde
todos los palmeños llevaban sus ganados. Para aquellos que
no poseían dehesas propias para apacentar suponía
una gran ayuda económica. De ella se extraía, igualmente,
la leña que necesitaban y, en años de escasez de trigo,
se amasaba un pan cuyo componente era la harina de las bellotas.
Estaba rigurosamente prohibido que estas tierras se vendiesen o
se cultivasen, pues se perjudicaba así a la comunidad. Sin
embargo, a lo largo del tiempo y por todo el país fue frecuente
que estas tierras se usurpasen por los poderosos, que las ocupaban
ilegalmente, lo que daría lugar a numerosos pleitos con los
vecinos y a algún que otro episodio violento protagonizado
por aquéllos que veían cómo se les arrebataba
un derecho secular.
Desde el siglo XVI, los agobios financieros de los municipios ocasionaron
que estas tierras se arrendasen a particulares, perdiéndose
así su uso comunal. El producto de este arrendamiento se
destinaba al pago de las deudas del Concejo. No era raro que los
mismos que se encontraban al frente del gobierno local se arrendasen
a sí mismos estas tierras a través de terceras personas
(parientes normalmente) o que se las terminasen quedando en el transcurso
del tiempo. La consecuencia fue que este derecho ancestral de los
vecinos fue desapareciendo, aunque aún hoy día pueden
encontrarse tierras comunales en muchos lugares de nuestro país
que todavía conservan esas antiguas costumbres de uso comunal.
Se da la circunstancia de que La Palmosa es actualmente una tierra
de propiedad pública, es decir, que esa propiedad ha vuelto
a recaer en aquéllos a quienes siempre perteneció,
el común, veremos cómo gestionan esta parte de nuestro
patrimonio histórico y natural los que tienen la capacidad
para hacerlo. |