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Esta sección de nuestra revista se encarga de descubrir curiosidades y anécdotas referidas a nuestra rica tradición oral. Si alguno de nuestros lectores tiene interés en hacernos llegar algún dicho típicamente palmeño, le agradeceríamos que se pusiera en contacto con nosotros.



«ES MÁS VIEJO QUE LA PALMOSA».

Desde tiempo inmemorial, las tierras de La Palmosa formaron parte de las tierras comunales de Palma. Esto quiere decir que pertenecía su aprovechamiento a todos los vecinos y todos podían servirse de ellas. Los montes denominados «baldíos» (de ahí el nombre que aún persiste en Palma como «El Baldío») también se utilizaban para pastos y otros usos comunes de los vecinos de la villa.

La Palmosa, concretamente, era una dehesa de pasto comunal donde todos los palmeños llevaban sus ganados. Para aquellos que no poseían dehesas propias para apacentar suponía una gran ayuda económica. De ella se extraía, igualmente, la leña que necesitaban y, en años de escasez de trigo, se amasaba un pan cuyo componente era la harina de las bellotas. Estaba rigurosamente prohibido que estas tierras se vendiesen o se cultivasen, pues se perjudicaba así a la comunidad. Sin embargo, a lo largo del tiempo y por todo el país fue frecuente que estas tierras se usurpasen por los poderosos, que las ocupaban ilegalmente, lo que daría lugar a numerosos pleitos con los vecinos y a algún que otro episodio violento protagonizado por aquéllos que veían cómo se les arrebataba un derecho secular.
Desde el siglo XVI, los agobios financieros de los municipios ocasionaron que estas tierras se arrendasen a particulares, perdiéndose así su uso comunal. El producto de este arrendamiento se destinaba al pago de las deudas del Concejo. No era raro que los mismos que se encontraban al frente del gobierno local se arrendasen a sí mismos estas tierras a través de terceras personas (parientes normalmente) o que se las terminasen quedando en el transcurso del tiempo. La consecuencia fue que este derecho ancestral de los vecinos fue desapareciendo, aunque aún hoy día pueden encontrarse tierras comunales en muchos lugares de nuestro país que todavía conservan esas antiguas costumbres de uso comunal.
Se da la circunstancia de que La Palmosa es actualmente una tierra de propiedad pública, es decir, que esa propiedad ha vuelto a recaer en aquéllos a quienes siempre perteneció, el común, veremos cómo gestionan esta parte de nuestro patrimonio histórico y natural los que tienen la capacidad para hacerlo.

LA CARABINA DE AMBROSIO.

Ser «la carabina de Ambrosio» significa no servir para nada. Una antigua leyenda afirma que Ambrosio era un mísero campesino que vivió a principios del siglo XIX. Harto de engordar al patrón con su trabajo, el hombre decidió cambiar el apero de labranza por una carabina y echarse al monte como bandido. En su nuevo oficio de salteador de caminos tampoco consiguió fortuna. Ambrosio era un bendito de Dios y tan bonachón que, cuantos caminantes detenía, lo tomaban a broma. El pobre echaba la culpa de su desdén a la carabina que llevaba, ya que no infundía ningún respeto.

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