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Casas de Vecinos I.
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Si
en 1989 el número de casas de vecinos de Palma del Río
era de, al menos, 70 viviendas hoy quedan, al parecer, menos de
una veintena, localizadas sobre todo en las calles Cuerpo de Cristo,
Pacheco, Salvador, Blas Infante y Nueva; todas bastante deterioradas.
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Una de las formas de
vida con más arraigo en la cultura andaluza han sido las
llamadas «casas o corrales de vecinos». Estas casas,
en las que viven varias familias, se caracterizan por tener un
espacio común de convivencia que, normalmente, suele ser
el patio, la cocina y el retrete. El espacio privado estaría
constituido por una o dos habitaciones, en las que se mezclan
el resto de las estancias que componen una casa. En Palma del
Río, como en otros pueblos de Andalucía, ha existido
siempre una gran tradición en lo que se refiere a esta
«forma de vida» que, por supuesto y como siempre,
pertenece exclusivamente a las clases más desfavorecidas,
normalmente personas con muy pocos recursos y escasa alfabetización
que no podían, o pueden, permitirse el acceso a una vivienda
privada.
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Esta forma de convivir
crea, además, un vínculo muy fuerte entre las
familias que componen la vecindad. El roce diario de la vida
en común, con unos problemas similares entre todos los
vecinos, forma una solidaridad vecinal única, que es
la auténtica bandera de esta forma de vida. Las personas
que han vivido en estos recintos no dejan de resaltar que lo
mejor de todo es el trato diario con los vecinos y que, si tuvieran
que dejarlo, lo echarían muchísimo de menos o,
incluso, no serían capaces de acostumbrarse. Comentaba
una vecina que, aunque le diesen la posibilidad, no se iría
a vivir a un piso puesto que, encontrándose ya muy mayor,
la confianza con las personas que viven con ella la hace sentirse
segura si algún día enfermara o se encontrase
en algún apuro, seguridad que perdería en una
convivencia de edificio.
Si en 1989 el número de casas de vecinos de Palma del
Río era de, al menos, 70 viviendas hoy quedan, al parecer,
menos de una veintena, localizadas sobre todo en las calles
Cuerpo de Cristo, Pacheco, Salvador, Blas Infante y Nueva; todas
bastante deterioradas debido y, sobre todo, a la desidia de
los propietarios que, al no sacarles el suficiente provecho
con unos alquileres tan bajos, desearían les fuesen declaradas
en ruinas para, así, poder vender el solar a inmobiliarias
y constructoras y hacer negocio con ellas. En estas casas, sin
embargo, también hay casos en los que la propiedad está
compartida entre todos los vecinos, es decir, cada uno es dueño
de las habitaciones en las que vive y de una parte de patio
o zona común. En una de estas casas de propiedad compartida
los vecinos se pusieron de acuerdo para negociar con una constructora
la edificación de un bloque de pisos individuales para
cada uno de ellos; pero esto suele ser un caso aislado, normalmente
las personas que hoy viven todavía en ellas suelen ser
mayores, con pocos recursos y reacios a perder su estilo de
vida, o parejas jóvenes que ahorran todo lo posible para
salir pronto de estas casas.
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| A
estas personas jóvenes, casadas o solteras, debería
dirigirse un proyecto que se dedicara a rehabilitar estas ruinas
y, reformándolas convenientemente, ofrecer viviendas a bajo
precio a personas con problemas económicos, solucionando
así dos cuestiones: la de la falta de viviendas con precios
asequibles para una juventud actual lastrada por el paro, el trabajo
precario y la impotencia de depender de unos padres hasta pasados
los treinta años y la de la solución y rehabilitación
de una forma de vida tan nuestra y tan solidaria como es la de las
casas de vecinos. Todos nos quejamos constantemente de la soledad
del mundo moderno, de la vida con prisas que no te permite más
que un saludo al vecino de planta que te encuentras por la mañana
en el ascensor pero del que no sabes absolutamente nada. |
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Todo esto podría paliarse, en gran medida, si las instituciones
públicas, aquellas que tienen el deber de ofrecernos y conservar
un patrimonio tan nuestro se dedicaran a apoyar y subvencionar este
tipo de viviendas y a evitar su destrucción, ya que hacen
la convivencia con otras personas más humana y, además,
podrían contribuir al desarrollo del turismo de interior
ya que, rehabilitadas y conservadas con sus características
originales, serían algo digno de visitarse (y más
cuando quedan tan poquitas) e incluso podrían convertirse
en albergues juveniles. |
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Finalmente, decir que
es una sinrazón que se haga un Plan de Protección
del Conjunto Histórico que sólo tenga en cuenta
la ciudad medieval. Si este Plan de Protección abarcase
lo que es la ciudad histórica de Palma, se podrían
proteger las casas de vecinos de la destrucción a que están
sometidas y se podrían también conservar como elemento
arquitectónico y antropológico de primera magnitud.
Eva
Piedad Muriano Molina
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CENSO
DE CASAS VISITADAS:
- Casa de Vecinos en C/ Pacheco.
- 2 casas en C/ Salvador.
- 1 en C/ Cuerpo de Cristo.
- 1 en C/ Nueva.
- 1 en C/ Blas Infante.
- 2 en C/ Belén.
- 2 en C/ Plata.
- 1 en C/ Gracia.
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