| Hasta
hace apenas cuarenta años Andalucía era tierra de
arrieros, tierra de hombres que apuraban los caminos. Por entonces
las «veredas de carne» eran lugares de paso por donde
los burros en sus serones acarreaban naranjas, grava, picón
de la sierra, etc... Hoy en estas veredas crecen alambres de espinos,
sembrados por los que hasta antes de ayer necesitaban del auxilio
de estos caminos, transitados por animales para poder llamarse civilizados.
Mientras nosotros olvidamos lo que fuimos, otros aprovechan para
usurpar esta porción de nuestro pasado colectivo.
Cuando algunos se avergüenzan de las huellas de sus ancestros,
acomplejados, disimulando con un presente amnésico la virtud
de la humilde supervivencia, prefiero recordar nuestro testimonio
como pueblo, desde la memoria colectiva hasta el pequeño
recuerdo de unas viejas «angarillas», fondeado en cada
detalle de la historia para asimilarla en nuestro periplo. Los arrieros
vertebraron este tapiz andaluz conectando cada rincón de
esta región hasta hace cuarenta años. Su labor empezó
a ser despreciada y el desarrollo poco a poco, acabó con
un medio de transporte milenario. Pero el tiempo pasó y defender
aquella forma de vida no significa vender una falsa nostalgia. La
vida ha cambiado y desde nuestra prisa, en la comodidad actual,
debemos recordar aquellos caminantes, caminantes que hicieron su
camino con cada paso, al caminar. Encarnaron a la perfección
los versos de aquel arriero de la palabra, caballero de la poesía,
don Antonio Machado. |
Siempre
el primer borrico llevaba un gran cencerro anunciando la «arria»,
un cortejo de colores recorría cada palmo de esta tierra.
Los arrieros seguían el deambular de las «bestias»
caminando a su «vera», hombre y bestia compartían
la misma senda, el mismo cielo, no siempre estrellado en las noches
de aquella hambrienta España. Es tan efímera nuestra
memoria que ya no recordamos cuando Andalucía era conocida
como tierra de arrieros, como bien señala don Antonio Domínguez
Ortíz en su magnífico libro titulado «Historia
de los moriscos».
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Ultimamente
sólo nos acordamos de este noble animal en los días
de romería, observamos cómo cualquiera puede montar
un rucho pagando, se ríen de toda una cultura que se extingue.
Entonces prefiero recordar a Juan Ramón y me coloco al lado
de Platero, cuando todavía le quedaba dignidad a esta noble
bestia, a veces tan humana que supera al inquilino de su cabalgadura.
Serones : Alforjas utilizadas por los arrieros para
colocarlas a ambos lados de los burros para transportar diferentes
tipos de mercancías.
Veredas de carne: Caminos comunales utilizados
en el medio rural para transportar ganado o para el transporte de
mercancías a cargo de los arrieros.
Arria : Columna de burros en fila.
Rucho : Burro pequeño.
Emilio
Navarro Martínez.
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