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Capilla de Nuestra Señora del Rosario.
(Continuación del artículo con el mismo nombre publicado en el número anterior de la revista Saxoferreo.)


En el anterior artículo, comentamos parte del interesante patrimonio que contiene la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, que está situada en el interior de la Iglesia de Santo Domingo. En esa ocasión sólo comentamos, por falta de espacio, los bienes inmuebles de la capilla, esto es, la parte meramente arquitectónica y el maravilloso retablo. De ahí, que nos centremos en este artículo en las otras joyas que contiene la mencionada capilla, como son la impresionante imagen de Nuestra Señora del Rosario y todos los cuadros que decoran la nave.

En primer lugar comentaremos la mencionada imagen, puesto que es la parte principal de la capilla, y alrededor de la cual gira toda la decoración.

Se encuentra ubicada en el interior del camarín, justo detrás del retablo, siendo la talla de madera policromada. Es una escultura sedente, en la cual, se puede apreciar la dulzura de la Virgen hacia su Hijo, que está de pie en el regazo de su Madre. En realidad, la Virgen actúa como trono del Niño, el cual parece dirigirse al mundo.

Tanto la figura de la Virgen como la del Niño, se adecúan perfectamente a la época barroca en la que están realizadas, puesto que ambas imágenes, reflejan un gran movimiento, a pesar del sereno rostro que imprime la Madre. En Ella, se puede apreciar la hermosura de su túnica, con vivas tonalidades rojizas y amarillentas e infinitos pliegues, los cuales, también se dejan ver, en su majestuoso manto azul que tapa parte de dicha túnica. Los colores de las prendas no están puestos al azar, puesto que se suele relacionar a la Virgen del Rosario, con tonalidades ocres, rojizas y azuladas.

El Niño, sin embargo, se encuentra totalmente desnudo, dejando apreciar el autor, su rollizo y delicado cuerpo rosado.

Ambas imágenes llevan unas voluminosas coronas plateadas y descansan sobre un trono que se asemeja al tronco de un árbol, del que surgen algunas hojas.

Al mismo tiempo, la capilla posee una serie de pinturas que la decoran. Sobre la posible autoría de estos cuadros no sabemos nada con certeza. En una entrevista realizada a D. Fernando Moreno Cuadro, (profesor de Historia del Arte de la Facultad de Filosofía y Letras), le preguntamos sobre este tema y nos sugirió la posible idea, de que los autores fueran los mismos dominicos que habitaban el Convento de Santo Domingo. Esta idea tiene un gran peso, puesto que los mismos dominicos, eran personas muy eruditas en todas las materias, e incluso desarrollaron una gran labor docente en materias como Filosofía, Teología y Gramática. Otra posible opción, que es la que cree J.M. Palencia Cerezo, es que fuera el mismo autor que realizara el cuadro La Institución del Rosario, o sea Vela Cobo, (atribuida por Ramírez de Arellano) o de Agustín del Castillo (atribuida por Valverde Madrid); esta pintura está situada en uno de los muros de la Iglesia y es una de las más importantes que posee el patrimonio cultural de Palma del Río.
Respecto a su cronología, no sabemos con certeza los años en que fueron realizadas, siendo posiblemente a mediados de 1600, y por tanto perteneciendo al pleno Barroco Andaluz, como lo demuestra algunas de las características que se pueden apreciar en dichos cuadros.

El primero de los que vamos a hablar, es un Crucificado. Se encuentra en muy mal estado de conservación, pues tiene muchas pérdidas de pigmentación cromática. Como es típico de la época en la que se realizó, el Barroco, tiene unas tonalidades muy oscuras, sobre todo el fondo. Es una composición con bastante poco movimiento, puesto que Cristo es representado de manera muy rígida y muy poco anatomizado. La cruz está colocada sobre un pedestal con cabeza de ángel. El autor ha incluido un cortinaje, como si fuera un telón a ambos lados del Crucificado, siendo esto un elemento muy utilizado en el SXVII.

El siguiente que vamos a comentar es La Anunciación, el cual, encierra una mayor complejidad pictórica. Este tema tan tratado en el mundo del Arte y más concretamente en la pintura, representa el momento en que el Arcángel San Gabriel le da a la Virgen la Buena Nueva. La composición está realizada de manera triangular, colocando al Espíritu Santo, en forma de paloma y dentro de un rompimiento de gloria, en el vértice superior y a la Virgen y al Arcángel en los otros restantes. En este cuadro abundan los pliegues apreciables en los vestidos, lo que nos indica la gran capacidad pictórica del autor. De igual manera, dicho autor le ha imprimido a la composición gran suavidad, pudiéndose ver en los rostros de los personajes y en las tonalidades terrosas y verdosas que aporta.

A continuación, vamos a comentar el cuadro de La Visitación, el cual refleja el momento en que la Virgen es visitada por su prima Santa Isabel. Como son las protagonistas de la obra, el pintor las coloca en primer plano, siendo acompañadas por otras personas que están situadas en la penumbra y que apenas deja vislumbrar sus figuras. En esta ocasión, el autor elige un fondo arquitectónico en vez de colocar un fondo neutro o completamente oscuro como en los anteriores casos. Se puede apreciar el escaso movimiento que se le aporta a la escena, así como alguna desproporción en los cuerpos, como podemos apreciar en la figura de Santa Isabel.
El siguiente cuadro que vamos a comentar es el momento en que es presentado el Niño a los llamados Reyes Magos, al cual se le titula como La Epifanía. En esta ocasión, se puede apreciar como la composición es dividida en dos partes: en un lado el autor sitúa a la Sagrada Familia, esto es, San José, (al cual lo representa en una situación un tanto inhibida del asunto, ya que se encuentra apoyado en una columna con una mano en la cabeza), La Virgen y el Niño; y en el lado opuesto los tres Reyes. Ante tanta cantidad de personajes, el autor decide colocar a uno de los Reyes de rodillas ofreciéndole algún presente al Niño-Dios. Este tiene más características góticas que barrocas, puesto que parece un hombre, pero con menor tamaño. Todavía incluye más personas en el cuadro, como podemos apreciar al fondo, que hay un grupo, montando uno de ellos a caballo. Justo aquí, como en el fondo arquitectónico y en el escaso tamaño del Niño, se puede apreciar una gran falta de perspectiva.

Pío V orando ante la marcha de los Dominicos a América es otro de los cuadros que forman parte de esta capilla. El tema principal no es otro que el del Papa Pío V rezando ante la inminente marcha de los primeros Dominicos al Nuevo Mundo. En esta obra aparecen varios temas; uno de ellos parece representar los barcos y debajo de ellos los dominicos embarcándose. Otro que es el tema principal y que le da nombre al cuadro es el mismo Papa rezando ante un altar repleto de detalles, como pequeñas imágenes de santos, libros, pliegues, etc. De nuevo coloca el autor un cortinaje al fondo que descubre la escena que hay detrás. Este es sin duda la composición pictórica que mayor calidad tiene en toda la capilla.

Por último, comentar dos obras de mucha menor calidad como son La Degollación de San Juan Bautista y un Monje Orando. En el primero de ellos nos encontramos ante un cuadro de menor tamaño que los otros y en el que se pueden apreciar las figuras de Herodías, Salomé, el propio San Juan Bautista y su ejecutor. El autor elimina un posible tema secundario al fondo, puesto que es totalmente oscuro y no deja apreciar nada. Solamente una pequeña luz, que lleva uno de los personajes femeninos, rompe la monotonía, dándole a la obra ese efecto característico de la época, como es el claroscurismo. A pesar del dramatismo de la obra, todos los personajes aparecen tranquilos, ausentes de todo dramatismo. San Juan aparece de rodillas y su verdugo le tira del pelo, justo antes del momento en que va a asestar el fatal golpe al condenado.

El Monje Orando, no se encuentra junto a estos seis cuadros comentados, sino que está en el interior del camarín de la Virgen del Rosario. Es de menor tamaño que las anteriores, apreciándose la figura de un dominico rezando con las manos unidas y mirando hacia el cielo. La obra contiene poca luz, apreciándose solamente la figura del mencionado monje.

Con el comentario de toda la capilla en general, hemos intentado trasladar al lector la belleza que encierra uno de los conjuntos que mayor importancia tiene dentro de nuestro patrimonio palmeño y que por otro lado es tan poco conocido.

 

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