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Esta
sección de nuestra revista se encarga de descubrir curiosidades
y anécdotas referidas a nuestra rica tradición oral.
Si alguno de nuestros lectores tiene interés en hacernos
llegar algún dicho típicamente palmeño, le
agradeceríamos que se pusiera en contacto con nosotros.
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Una fuente
para la Plaza Mayor.
Hoy en
día, el abastecimiento de agua en las casas nos parece algo
tan común que no solemos darle importancia. En siglos pasados,
tal abastecimiento era un verdadero problema si una población
no contaba con las fuentes suficientes para abastecer a los vecinos.
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Por ello, era el del agua uno de los asuntos cotidianos a los que
tenía que hacer frente el concejo de la villa.
En el cabildo de 21 de abril de 1600 se trató de la utilidad
que representaría para la villa que se trajese agua del río
Genil para instalar una fuente en la Plaza Mayor. Una vez puesta
dicha fuente, habría de arrendarse a una persona que, así,
obtenía el usufructo del agua y esa persona, a su vez, la
vendería a los vecinos casa por casa como aguador. El producto
de este arrendamiento iría a engrosar las arcas municipales.
La tradicional figura del aguador recorría las calles de
los pueblos y ciudades hasta no hace demasiado tiempo, pregonando
a los cuatro vientos su mercancía e, incluso, existe un antiguo
refrán que dice: “si quieres saber quién es
el aguador, derrama el agua”.
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"Eres
más malo que la ceniza de taraje".
Antiguamente, cuando el jabón no era un producto demasiado
extendido, nuestras abuelas lavaban la ropa con “clarillas”:
en una tinaja con agua se echaba la ceniza del fuego que, más
tarde, servía para lavar la ropa y, aunque no tenían
las mismas propiedades del jabón, daban el apaño,
pues resultaba una lejía con la que se podía lavar
la ropa blanca. Sin embargo, había leñas más
adecuadas para ello y otras que lo eran menos. La de taraje era
de las más malas. De ahí este popular refrán
que seguro han escuchado ustedes en más de una ocasión.
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