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La Tercera Edad partícipe del Patrimonio Histórico.


La primera idea que me viene a la mente, a la hora de dar forma y desarrollar el presente artículo, es partir de la idea de que la Tercera Edad es en sí misma Patrimonio Histórico, ya que sus dilatadas vidas encierran una enorme riqueza en cuanto a una visión personal de la historia que ha acontecido en su entorno más próximo. Los miembros de esa Tercera Edad, son archivos vivientes sobre nuestro pasado colectivo más cercano y en su memoria atesoran paisajes, escenarios y formas de vida hoy desaparecidas o muy cambiadas. Y los atesoran por un hecho que es inevitable, la vejez y el inexorable correr del tiempo.

Este hecho, sin embargo, nos asusta a los que somos más jóvenes e incluso ese término de Tercera Edad parece acuñado para rehuir el tema que a todos, tarde o temprano nos acaba preocupando, el de la vejez y el ocaso de la vida. Tercera Edad es un término como más aséptico, que no alude directamente a la ancianidad, el que parece ser el gran estigma en esa sociedad individualista y desmemoriada que estamos construyendo con el cimiento del olvido. Y la amnesia colectiva pasa por la pérdida de todas las experiencias que los viejos guardan precisamente por eso, por ser viejos. El Patrimonio al que me vengo a referir es un Patrimonio invisible, no es tangible como la catedral de turno o los preciosos objetos de un museo. Estudiamos, observamos y defendemos el Patrimonio en nuestro tiempo actual y, casi siempre, desde un punto de vista material. Estudiamos, observamos y defendemos cosas inertes y objetos pero es, precisamente, algo que siempre olvidamos lo que puede darles vida: la memoria; y esta memoria no se encierra sólo en papel o en piedra, la acaparan las gentes también. Pero esa es la grandeza y la miseria de ese Patrimonio intangible, grandeza porque puede ayudarnos a comprender nuestro pasado, miseria porque se pierde a pasos agigantados.

Suelen ser escasas las iniciativas que impliquen a los mayores en la investigación y recuperación del Patrimonio. Los mayores se consideran muchas veces incluso un obstáculo para la rehabilitación del Patrimonio, tal y como estamos viendo en los centros históricos que, hoy, pretenden ser transformados –una vez “rehabilitados” y tras el lavado de cara pertinente- en zonas residenciales de lujo a costa de las personas que llevan habitándolos toda la vida y a quienes se pretende expulsar de ellos.

Ahora, tras años de tenerlos en el olvido, sin prestarles ayuda para conservar las viviendas dignamente, se declaran en ruinas por la autoridad de turno, se expulsa a los “cuatro viejos” que las habitan y, muy oportunamente, cualquier constructora las rehabilita y las vende a precio de oro. La otra cara de la moneda son el desarraigo del lugar de origen y la soledad del barrio periférico o del asilo.

Me hablaron del proyecto de Saxoferreo para recuperar la tradición oral de Palma del Río y quise escribir este artículo para animarles en la tarea e intentar decirles hasta qué punto es importante reintegrar a una comunidad su memoria y hacer partícipes de ello a quienes se suele dejar de lado.

 

 

Francisco García Naranjo.

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