Informe
histórico sobre las norial fluviales y presas de derivación
situadas sobre el río Genil en Palma del Río.
Autor: Ricardo Córdoba de la Llave. Profesos Titular de la Universidad
de Córdoba.
Importancia
histórica de las norias fluviales.
Las
norias fluviales han sido conocidas en la Andalucía desde fines
de la Edad Media (siglos XIV y XV) por el término de “norias
de vuelo”. Su nombre, naura, deriva del verbo árabe
na’ar, que significa gruñir o gemir, en clara
alusión al característico sonido que producían
cuando estaban en movimiento.
Así lo testimonia el sevillano Ibn Hisam al-Lajmí, en
el siglo XII, al indicar que “la máquina de gran envergadura,
redonda, con paletas finas en las que bate la corriente de agua, de
forma que sólo necesite de ésta para girar, es llamada
an.naura; sólo se establece al lado de un río y al
girar produce un chirrido que es causa de que se llame así (gemidora)”
(J.M. Forneas, “Un texto de Ibn Hisam al-Lajmí sobre máquinas
hidráulicas y su terminología técnica”, Miscelánea
de Estudios Árabes y hebraicos, nº 23, 1974, p. 56).
A finales del siglo XV, cuando Jerónimo Sánchez realiza
su conocida descripción de la ciudad de Córdoba, alude
a los “chirridos sonoros de su eje” como una característica
sobresaliente de la noria de la Albolafia (M. Nieto, Córdoba
en el siglo XV, Córdoba, 1973, p.59).
Tan peculiar sonido ha determinado que en palma estas norias hayan sido
conocidas históricamente por el nombre de chirriones.
Las primeras referencias que existen sobre el uso de norias fluviales
proceden de la Época Medieval y de los países islámicos
del Próximo Oriente. El historiador persa al-Baladuri, fallecido
en el año 892, narra en sus escritos cómo fueron instaladas
varias de estas norias en un canal cercano a Basra (Iraq) en la segunda
mitad del siglo VII; al-Muqaddasi se refiere a las ubicadas en la ribera
de la ciudad de Ahwaz (Irán) a fines del siglo X. Del siglo XII
data el famoso Tratado de Geografía de Yuqut, donde
se citan las conocidas norias emplazadas sobre el río Orontes
a su paso por la localidad de Hama (Siria) (Al-Hassan, A.Y., Hill, D.R.,
Islamic Technology. An Illustrated History, Cambridge, 1986,
p. 76; Hill, D.R., A History of Engineering in Classical and Medieval
Times, La Salle, Illinois, 1984, pp. 141-142).
Precisamente en Hama se conserva hoy una presa que surte de agua a tres
norias; es el único paralelo conocido de las tres norias que
estuvieron instaladas junto a la azuda de Duques y Flores en Palma del
Río.
Desde Oriente, los musulmanes difundieron el uso de la noria fluvial
por el Mediterráneo y, ya en la propia Edad Media, son numerosos
los cronistas y geógrafos andalusíes que se refieren a
las existentes en Al-Andalus. Al-Idrisi habla de las ruedas de Toledo
y de Talavera, ambas sobre el Tajo; al-Himyarí menciona las existentes
en la ciudad de Murcia; y al- Maqqari varias situadas sobre el Guadalquivir
(Julio Caro Baroja, “Norias, azudas, aceñas”,
Tecnología Popular Española, Madrid, 1983, p. 298; Abderramán,
Ch., López, M., El enigma del agua en Al-Andalus, Madrid,
1994, pp. 154 y 157).
Como las norias fluviales han estado en uso hasta el siglo XX, los testimonios
históricos que poseemos sobre ellas no se limitan a su empleo
por la sociedad andalusí, sino que por el contrario abundan los
datos referidos a su uso durante siglos más modernos. Por ejemplo
las norias ubicadas sobre el río Ebro, en Tudela, Escatrón,
Caspe o Camarasa, son citadas desde 1500 hasta el siglo XIX (Diccionario
de Madoz) y XX (Francisco Carreras, La navegación por el
río Ebro, Barcelona, 1940, pp. 115-116.
Más cercanas a nuestro ámbito de estudio se encontraban
las norias de Castro del Río. Sobre el Guadajoz, documentadas
desde el siglo XV en el Rincón de Sotogordo, la Alameda o la
Vega; o las situadas sobre el Genil en Écija, testimoniadas por
José Rodríguez Molina desde 1500 en el pago del Casarejo
y otros lugares del término (J. Rodríguez, Regadío
bajomedieval andaluz, Granada, 1991, p. 118).
Todavía se conservan varias en funcionamiento en Puente Genil,
Palma del Río Écija, en los años 40 y 50 del s.
XX, y una de ellas ha llegado hasta nuestros días, bien que modificada
con sus componentes en hierro fundido, la de la aldea lucentina de jauja.
Además, en los últimos años, se han restaurado
en nuestra provincia varias norias fluviales situadas en Córdoba
(Albolafia 1965), Albendín (Baena, 1993) y Castro del Río.
Importancia
histórica de las presas de derivación asociadas a norias
y molinos.
De
la misma forma que se documentan las norias se testimonia, a lo largo
de la Historia, el uso de su elemento arquitectónico inseparable,
la presa de derivación mediante la cual el agua del río
se represa y se encauza hacia los canales establecidos junto a las orillas
para dotar de movimiento a los molinos y norias allí situados.
De las múltiples modalidades de construcción de las presas
de deriva, la más usada en el sur de España y Mediterráneo
occidental, desde la E. Media, es la de estacada, cuyo nombre procede
de que este tipo de azuda (término de origen árabe, as-suda,
que significa el muelle o puerto fluvial) era realizada hincando estacas
de madera en el fondo del lecho fluvial, estacas entre las cuales se
disponía un relleno de cal y canto recubierto de argamasa o,
en tiempos más recientes, cemento.
Este modelo de presa fue ya usado en la Córdoba musulmana, según
testimonia Ibn Hayyan en la segunda mitad del s. X, o Ibn Rushd, al
referirse a la edificación de un molino en Jaén en 1114
(Vincent Lagardere, “Moulins d’occident musulman au
moyen âge (Xe-Xve siècles)”, Al-Qantara, nº
12, 1991, p. 108).
Y, al igual que las norias antes descritas, este tipo de presa ha seguido
siendo usada hasta el s. XX. En 1500 conocemos la construcción
de una estacada sobre el río Guadajoz, en la provincia de Córdoba,
“para las añoras de las huertas que dicen de Mari Ruiz”,
construida con “estacas, taraje y arena, que ataja dicho río”;
y también sobre el Guadajoz fue edificada en el s. XVII y por
el ingeniero militar Cristóbal de Rojas, una presa de este tipo
cuya descripción se nos ha conservado íntegra (Ignacio
González Tascón, Fábricas Hidráulicas
Españolas, Madrid, 1986, p. 46).
Testimonios
sobre las norias y presas de derivación de Palma del Río.
Las
norias y azudas del Genil remontan su origen probablemente a época
islámica; bien documentadas desde el siglo XV, desde el año
1700 en adelante aparecen en la documentación del Archivo Municipal
de Palma del Río sección Policía y Justicia) las
norias, y sus correspondientes presas, de Duques y Flores, el pago del
Rincón, la Chirritana o la Barqueta, entre otras.
El geógrafo Marcel Aymard, en su obra Irrigatios du Midi
de l’Espagne (París, 1864), describe una de las ruedas
instaladas en las inmediaciones de la localidad, de 9 m. De diámetro
y construida con madera de roble. Y J. Bruñes, en la obra
L’irrigation, ses conditions géographinques, ses modes
et son organisation dans la Peninsule Ibériqueet dans l’Afrique
du Nord (París, 1904, p. 130), afirma que “en Palma
del Río, sobre el Genil, la huerta está regada no ya por
medio de norias ordinarias, sino por medio de grandes ruedas verticales
de paletas y cubos, movidas por el mismo curso de agua... se cuentan
veinte de estas grandes ruedas, varias con diámetro de nueve
metros y... no hemos visto otras parecidas sino muy lejos de aquí,
en la Fayoum (Egipto)”:
Leopoldo Torres Valvas, en su conicido artículo sobre “Las
norias fluviales en España” (revista Al-Andalus, nº
5, 1940, p. 197), asegura que, poco antes de la Guerra Civil, existían
en Palma unas 25 norias de cangilones. De ella, aún subsistían
variasmen los años 60 del siglo XX, pues Félix hernández
las estudió y se inspiró en ellas para reproducir la noria
de la Albolafia de Córdoba, en concreto la de El Higueral, Las
Delicias y la del Paseo, junto al pago de La Chirritana.
Andrés Llauradó (en su Tratado de Aguas y Riegos,
Madrid, 1878, pp. 257 y 498), describe las presas que servían
para hacerlas funcionar diciendo, “como la corriente normal del
río no bastaría para poner dichas ruedas en movimiento,
se establecen presas de pilotaje y escollera, con las cuales se obtiene
un salto, generalmente de un metro de altura. Están formadas
por pilotes con relleno de piedra suelta y una escollera en talud en
el paramento de aguas abajo. Las aguas represadas pasan a un canalizo
de mampostería, construido a orillas del río,... En el
canalizo abierto en uno de los costados de la presa se instala la rueda
de arcaduces y, en algunos casos, se colocan dos o tres a lo largo del
mismo canalizo”.
Y J Brunhes (L’Irrigation, ses conditions..., p. 130)
afirma “la corriente natural del río, no bastando para
poner las ruedas en movimiento, se interrumpe por pequeñas presas
que originan caídas de un metro; a cada rueda corresponde una
pequeña presa; y a cada rueda y a cada presa corresponde una
pequeña zona de regadío muy poco extensa. De aquí
que el pequeño número de propietarios de cada una de estas
zonas se entienda fácilmente para el mantenimiento de esa curiosa
instalación hidráulica”.
Actualmente se conservan varios restos de estas azudas, junto a las
que estuvieron emplazadas norias o molinos, sobre el río Genil
en el término de Palma del Río. En concreto las dos más
completas están ubicadas en la Huerta de San Francisco, junto
al molino de Barrios, y en la zona de Duques y Flores, junto a los restos
de la Electro-harinera. Son las mejor conservadas al encontrarse situadas
junto a molinos de harina o centrales de producción eléctrica
que funcionaron hasta hace pocos años.